Azul celeste ©
Cuando quiero azul celeste
pinto el techo de mi alcoba:
le dibujo una galaxia
con planetas que amanecen.
Cuando quiero azul celeste
me deshago de las nubes
filtro noches deslunadas
con tamices de agua dulce.
Cuando quiero azul celeste
aproximo el alma al fuego
me caliento en la fogata
de recuerdos placenteros.
Cuando quiero azul celeste
cuento ovejas entre sueños
con su lana tejo el viento
hago mantas para invierno.
Cuando quiero azul celeste
te imagino, caminante,
descansando en el sendero.
De mis manos hago un cuenco:
nos bebemos uno al otro,
aunque aún no nos sabemos.
Plegaria ©
Ahora que sabemos que hay agua en la luna, pienso que de noche se escurren los días. Por eso busco entre las piedras húmedas la mañana futura, cálida y tranquila.
Sé que vendrá, como llegaron las certezas: el corazón es sólo viscera, el alma es una mentira, se ama con todo el cuerpo, verdad piadosa entre pecados concebida.
Bendita soy junto a todas las mujeres, porque en el vientre hueco se gesta el universo, el sol que nace ardiente, líquido deseo, amníotico, primigenio.
Naturaleza viva ©
Había una mesa rectangular, tres sillas, la cuarta fue un misterio, se habrá quedado en el almacén de la tienda a la que no reclamé; quizá, perdida, terminó por hacer un cuarteto con otro trio, en otra casa, de otra mujer, cercana a un mantel distinto, sin sombras que tiemblen al compás ondulante de la flama sobre la vela. Me gustaba la ausencia, símbolo de otras faltas que, así, ni era necesario interpretar; el vacío, la posibilidad. La vela era tan grande que parecía no tener fin, pero lo tuvo: a la mitad del camino, el blanco pabilo se ahogó en la laguna de cera roja. Esa noche recordé la sombra de la soga con la que se ahorcó mi amigo de la adolescencia, será porque la vi en la oscuridad: serpiente parda, parecía reptar sobre la alfombra buscando el calor de los pies que la esquivaban.
Las paredes de mi casa se aparecieron grises en la penumbra; llegó la lámpara color naranja y con ella el hábito de acostarme en el sofá por horas para mirar contornos: formas sin fodo, planas, móviles, el frutero, los cuadros, la máscara, el jarrón, el baúl, los pies, las manos.
El paraíso es naranja, solía decirme. Pero ahí, lo único vivo que quedaba era mi gato... y yo que poco lo parecía. Naturaleza muerta, formábamos parte de un bodegón siniestro.Ahora no cierro las cortinas,dejo que la luz del día se cuele por la sala hasta la recámara. Murió mi gato, pero compré un florero. Por eso me gusta que me regalen flores: naturaleza viva para los que aquí nos quedamos.
Haikus amazónicos ©
igual agua que viento
rumor de hojas.
***
Herida vieja
el árbol se desangra
llorando caucho.
***
Pierde sus pasos
selva encrucijada
del chullachaqui.
***
La visionaria
carne de ayahuasca
toé y chacruna.
***
En Quistacocha
nuestra sirena triste
nada de canto.
rumor de hojas.
***
Herida vieja
el árbol se desangra
llorando caucho.
***
Pierde sus pasos
selva encrucijada
del chullachaqui.
***
La visionaria
carne de ayahuasca
toé y chacruna.
***
En Quistacocha
nuestra sirena triste
nada de canto.
Urubamba ©
intrépidos arroyos
tropiezan con las piedras.
Parte de sí se quiebra.
Va dolorido entre las hojas:
verde la herida;
de ramas secas
y serpentina
será la ofrenda.
Por eso canta
se aferra a las orillas
espera nuevos surcos:
cuarzos de agua
para la siembra.
Ahí va Urubamba
estremecetiembla de frio
se sabe muchos
cae del monte:
espuma-niebla.
Orgánica, biodegradable ©
Cuando te fuiste, pensé en dedicarme a estudiar los genes; temí el hallazgo de aquél que predispusiera a la vileza. Pude elegir la filosofia, buscar en la historia del concepto "honor" el momento exacto en que lo perdimos, pero desde que la sombra de la muerte empezó a rondarme, me mantengo lejos de todo lo que corta, incluso cuando los filos son sólo raíces de palabra. También es verdad que fue urgente la espeleología: no existía mejor manera de vencer el abismo, recoger del fondo huesos caídos para extirpar de la médula los últimos rastros de vida.
Mejor me puse a escribir: para vivir había que contarlo. Desde entonces he usado las letras, con ellas fabrico escafandras, buceo entre las aguas profundas de mares violentos, vivos, inciertos. ¡Nada que ver con el superficial Caribe!, verdeazul deslavado de pura desesperanza. En la escritura encontré bálsamos sonoros, "ciruela", "caléndula", "ausencia", "alma"; campanas alegres, "ornitorrinco", "mandarina", "artista", "maraña"; algunas son cellos que desgarran, "fantasma", "encuentro", "mañana". ¡Nada que ver con tambores!, esclavos que se dicen libres porque que bailan.
De ahí salió un enredo que se volvió milagro: perdón, le llaman. Pero perdón no es olvido, ni arrepentimiento condena. Habrá que confesar que no salí bien librada: cuando se muere hay secuelas, aunque la resurrección cumpla su promesa. "Desechable" es el término que busqué cuatro años; no es lindo, le falta candor, desmerece la poesía, pero es el preciso, el único que sirve para nombrar lo que siento cuando añoro mi vida sin ti. ¡Nada que ver contigo!, naúfrago perdido sin la pequeñez de su isla.
De ahí salió un enredo que se volvió milagro: perdón, le llaman. Pero perdón no es olvido, ni arrepentimiento condena. Habrá que confesar que no salí bien librada: cuando se muere hay secuelas, aunque la resurrección cumpla su promesa. "Desechable" es el término que busqué cuatro años; no es lindo, le falta candor, desmerece la poesía, pero es el preciso, el único que sirve para nombrar lo que siento cuando añoro mi vida sin ti. ¡Nada que ver contigo!, naúfrago perdido sin la pequeñez de su isla.
Sigamos con las confesiones: soy dueña de una tristeza infinita que acompaño con dos hielos cada vez que a la luna le da por hacerse nueva; es entonces cuando surge "desechar", el verbo, pero éste no es inicio, es nada. Anticipo las ausencias, quizá incluso las decreto: mejor que se vaya, antes de que muera la violeta, otra, no aquella que corté de tajo el día en que me dijiste que debía hacerlo para que creciera, sabías que moriría, yo, también ella. ¡Nada que ver con las bromelias!, de ornato, colonizadas que se creen doncellas. Mejor que ni llegue, así no podré abandonarme, estaré conmigo la próxima vez que una cirugía me mantenga en cama y no habrá un gato echado a su suerte con sangre en el hocico que me mire ausente; creías que moriría, él, también yo. Sobrevivimos sin mérito. ¡Nada que ver con medallas!, caras labradas de personajes célebres que, de estar vivos, jamás te premiarían.
El tiempo es una cosa curiosa: pasa, pero deja huella. Cuatro años después descubrí por fin la herida:, cicatrizará, es orgánica, biodegradable. Para ti, malos augurios: en la semilla encontrarás las marcas un día cualquiera (la dignidad se enseña), pero tú no escribes, ni siquiera cartas desechables como ésta. Celebro mi vida, ahora sí es mía. El muerto es tuyo, me cansé de cargarlo, por eso te lo entrego: entiérralo, apesta.
Sin título ©
Fractal de JC Guarneros
Anda triste la noche.
Afila la luna el talwar.
El mar,
orfebre,
adorna la empuñadura:
ataujía celeste.
El cielo,
bóveda canora,
bronce
entre el herrumbre,
polvo de estrellas,
tañe sola:
tan, tan,
tan sola.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




