Ella parió un planeta ©

Ella parió un planeta, al menos eso parecía aquella esfera pulida que rodó por la alfombra entre sus piernas. Me miró asustada, "vino de aquí", dijo, al tiempo que cruzó las manos sobre el vientre en una actitud casi sacra. Me reí. No pude evitarlo. No es que no le creyera, pero mirarla de ese modo, tan descompuesta, ella que de todo reía, con el cabello alborotado como si fuera un asteroide, la cara de loca, ¡por Dios!, que esa cara de loca me mataba de risa. Pero ella lloraba, seguía llorando, por sus mejillas escurría mercurio, puedo jurarlo, plateado, líquido; sus labios encendidos, brasa pura, me quemó la frente con un beso.

Dejé de reír y los causes metálicos se secaron sobre su rostro. Ella tomó la esfera entre sus manos, la observó intrigada, "pesa", dijo, pero al soltarla su consistencia era la de una burbuja de jabón que subió hasta el techo; giraba y en cada vuelta la luz hacía un pequeño espejo rectangular por el borde que nos tentaba a vernos las marcas.

Nos pusimos de pie, alcancé una silla del comedor, subí por la esfera, la atraje con delicadeza hasta que logré atraparla entre mis dedos. "Pesa, sí", dije mientras la acunaba con la mano derecha. Vi mi rostro descompuesto en el espejo volátil, el cabello alborotado como si fuera un asteroide, la cara de loco, ¡por Dios!, esa cara de loco que la mataba de risa. Pero yo lloraba, seguía llorando y por mis mejillas escurría mercurio, puedo jurarlo, plateado, líquido; mis labios encendidos, brasa pura que al toque de un suspiro reventó la burbuja: se hizo galaxia.

© Imagen: Planet Earth de Juan Carlos Guarneros.