Tierra adentro ©

Aquel que hoy camina, ayer perdió un hermano. El otro que se sienta en la acera de enfrente, antier dejó de ver a su hija. 

La mujer que te sirvió esta mañana el café olvidó hace meses una sandalia en el cerro donde van a encontrar a su marido. Sí, lo estaba buscando.

La del otro lado, la que no vende nada y todo lo llora, tiene más de un año revueltas las tripas, se le enredaron cuando supo que a su padre lo balearon en la esquina. 

"Ni tú ni yo cargamos los huesos de otros", me dices. Deben pesar bastante, tanto que a mí que no los llevo ya me andan pesando.

El señor de la gasolinera cada día va más encorvado, trae consigo los esqueletos perdidos de aquellos a los que ha amado.

"Ni tú ni yo lo sabemos", me dices. Lo que pasa es que yo me lo invento y tú prefieres ni pensarlo. 

Hoy me contó el hombre del taxi que lo despierta la ausencia: su cuñado murió de rodillas (él que no se hincaba ni en la iglesia).

A su hijo lo acuchillaron y desde entonces ella vive con la carne abierta en el costado.

A su novia la violaron de día. De noche se acurruca junto a la ventana, no está desaparecida pero como si lo estuviera: no regresó siendo la misma.

"Ni tú ni yo lo miramos", me dices, "no estamos en primera fila", pero anoche pensé clarito "¿qué tal si estamos formados?" 

Ni tú ni yo lo creemos, pero no hace falta mucho creer para imaginar que pronto seremos todos los mutilados. 

Completos o en pedazos nos vamos enterrando. Da igual si hay tumba o fosa, la muerte es clandestina cuando es asesinato.

Hace tiempo que las marchas son fúnebres. Las consignas se recitan como sentencia.

Ni al mazo damos ni a dios rogamos. ¿Será que estamos todos ya bajo tierra?

¿Y si me matan? Como haces ahora, ¡ni lo imagines! Ya sabes que yo imagino de más y eso para ti es lo de menos.

Si me matan haré que me prometas el olvido, la desmemoria de quien es desconocido.

Guarda silencio como lo hace el sepulturero. No metas las manos, no dejes que te entierren conmigo.

Si te preguntan por mí contesta que estoy tierra adentro, donde todos algún día estaremos, tan solos como lo estamos desde el día en que preferimos morirnos callados.

Pero si quieres, podemos escarbar desde ahora junto a quienes sí lo saben, junto a quienes cargan los huesos y las ausencias, junto a quienes también llevan a cuestas este silencio tan jodido que les dejamos.