Corta azar ©

Cuando no doy una, termino dando dos, tres, cuatro o veinticinco: palos de ciego para el tuerto que se montó en el trono cuando nadie lo veía. ¡Ábrete sésamo!, le dijo al corazón, pero había más de cuarenta ladrones rondando la desdicha, a punto de sumarse a las mil y una madrugadas que pasaron de noche el día.

La hojalata dejó de latir, terminó entre pies: bote pateado porque para rayuela no hay tiza, además ya es octubre: julio se quedó con los que se autodenominan cronopios, ¡vaya!, que por cuentos no paramos, de caminos amarillos me he hartado y ya bastante tenemos con la falta de ojos, como para que nos pongamos a andar sobre un pie.

Esto no es un juego, no penderé sobre un tablón de madera, no me da la gana, el vértigo me lo consigo sola, no hace falta que me pidan tabaco desde otra ventana. No, no soy maga: con trabajo, a veces emulo a las hechiceras, de Cortázar tengo las obras, pero no las he leído completas, será que no quiero recetas, ni para cantar, ni para subir escaleras.   

1 comentarios:

Carolina Estrada dijo...

"(...)será que no quiero recetas, ni para cantar, ni para subir escaleras." Me encantó.

Saludos, Tania.