Érase que fue ©

Érase esta vez un zapatero, aunque éranse dos las diminutas alas que colocó en el talón de sus botines negros. Érase tan fina su creación, que aquel señor  ganó la fama de buen tabartalero: vistas de lejos, las alas fueron como el tejido blando de las libélulas que van en vuelo; vistas de cerca son otro cuento (uno marítimo donde no son más que velero). 

Érase de nuevo que nuestro viejo, harto de andar a ras del suelo, buscó entre la piel algun modelo que no anduviera firme en la tierra, que lo llevara sólo un poquito más lejos: dos centímetros, al menos, por encima del sitio desde donde miraba el universo. Érase al inicio ésto sólo un sueño, el plano exacto donde comienza cualquier proyecto.

Érase una mañana de otoño viejo, que con sus alas -recién planchadas- piso el estribo de musgo seco. Érase, aunque iba pateando vegetales restos, que crujían las ramas y crujían sus huesos. Érase de pie que aquellas alas no levantaban ni dos milímetros su peso: iban colgando, lacias y sueltas como el cabello blanco del caballero.

Érase por fin que, ni en principio, las alas del diestro anciano volarían. Pero érase también que el sólo sueño lo hicieron escultor de mis anhelos. Érase al final que no voló. Érase que ahora se ocupa de un sombrero. Érase que fue, en estas letras, motivo para ser en la derrota de nuevo la promesa de aquel vuelo.  

3 comentarios:

Iván Rincón Espríu dijo...

Érase un poema de versos unidos como la prosa, pero sin escapar de las estrofas.
Éranse también dos alas en plural y un derroche de ingenio musical.

Tania Campos Thomas dijo...

Muchas gracias, ese plural había volado. :)

Anónimo dijo...

Érase una vez una mujer que con el vuelo de su imaginación hacía volar mi corazón. :)... Melina.