La milagrosa ©

Yo no soy milagrera, únicamente el milagro que late, que espera; no soy la que hace, sino la que encuentra sin búsqueda previa: milagrosa sin causa, porque serlo es consecuencia. 

El único milagro del amor es la misma condición que lo hace posible: ser humano que se transforma porque así lo desea; se sabe inacabado y construye jugando la mejor de sus versiones, la única cierta.

Mis cartas están marcadas, es sencillo adivinarme: juego con los corazones por delante, regalo tréboles y diamantes; las picas las dejo en el mazo, sobre la mesa (con las armas quiero seguir poco diestra). Es cierto: nunca gano, pero tampoco cuento las pérdidas, hago del olvido apuesta.

Si un día el corazón se esparce en pedazos, cada fragmento ha de vivir aunque sea sangrando y si de aquella masacre no logro recomponer los pasos, sabré seguir amando, con el hígado, con un pulmón, con el intestino o con el bazo. Amar, amor, es el milagro. 

1 comentarios:

Iván Rincón Espríu dijo...

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